Hola a la nadiedad misma.
Estoy acá porque me indigné, me sentí defraudada y poco valorada.
¿Por qué uno siempre busca ser lo mejor?
O capaz no es eso, sino sólo las ganas que tiene uno de que el otro nos considere lo mejor.
¿Por qué me esfuerzo en demostrar lo que soy?
Supongo que la otra persona tiene que haber hecho el trabajo de conocernos, y considerarnos los mejores. Uno no tiene que ir por ahí demostrando absolutamente nada. Uno es como es, y es como nos deben querer, con todos nuestros defectos y nuestras virtudes.
Yo también escribo.
Desde la luz de la luna hasta la oscuridad de la profundidad de mis palabras.
El reflejo de mi ser que se materializa en estas letras que caen de la fosa de sentimientos que habita en mí.
La desesperación que siento se asemeja a la de un hombre sediento en el desierto, ¿será que busco mi río bendito? Aquel que me moje el alma y enfríe un poco mi ser tan ardiente de ofuscación motivo del sufrimiento que siento dentro.
Aquél que aliviane este peso que soporto como una pluma una mole de material abandonado.
Aquél peso que invento yo, con los monstruos que se apoderan de mí de vez en cuando.
Y cuando lo hacen, corrosionan todo en su camino, dejando sólo camino de óxido que, como todos sabemos, al sólo tocarlo se desmorona.
¿O acaso nunca tuvo fuerza en realidad? Pueden ser ambas opciones, pero duele reconocerlo.
La fragilidad de cada uno. Alguna que otra vez siento que soy de vidrio, un vidrio bien finísimo que tiembla ante cualquier tipo de cercanía a lo que se llama "sentir". Porque cuando se acerca, aparenta endurecerse, pero en realidad es pura ilusión, ya que en el fondo sigue siendo vidrio pero que por ese momento se vuelve espejo y refleja esa imagen linda que ve de lejos, y lo transforma en algo que no es.
Es difícil ser de vidrio en estos días que corren, donde lo bueno escasea y la mentira e hipocresía desborda las calles.
Es difícil ser de vidrio, en un mundo donde te exige ser distinto, de un material más duro que esta debilidad a la que pertenezco.
Vaya uno a saber lo que el mundo quiere de nosotros en realidad. Al mundo no le importa si sos de vidrio, o de hierro: lo que le importa es que le sirvas.
Y supongo que la gente es igual, y busca lo mismo. No busca vidrios, busca algún material más robusto que no tenga miedo.
Por eso, a veces los de vidrio (conociéndonos como tales) nos colocamos a la mayor lejanía posible. ¿Estrategia? ¿Poco valor? Seguramente sea poco valor, pero... ¿qué más da? ¿Quién va a juntar nuestros pedazos cuando nos rompamos? Porque al fin y al cabo, todos quieren a los fuertes, y a los vidrios apenas se rompen, los tiran. Son inservibles.