''El que no quiso cuando pudo, no podrá cuando quiera.''
-Truth
"Nadie nos advirtió que extrañar es el costo que tienen los buenos momentos".
Mario Benedetti.

viernes, marzo 27, 2020

Miedo

¿Será que tengo que cambiar mi forma de ser? ¿Cómo puedo saberlo?
Es una delgada línea. Es ese momento en que te sentís aceptada, querida, y que al fin podés ser como realmente sos pero... siempre hay un pero.
Es algo frustrante porque, si bien te sentís a gusto con la situación, no podés dejar de soslayar que va a llegar el momento en que te ponen un límite. "Para, todo bien, pero es mucho".

Siempre a los extremos. Es tan difícil todo.
Una búsqueda infinita para poder romper la pared que fue alguna vez inquebrantable, para que luego, una vez que sos libre, aparezca nuevamente otra pared: "Para, hasta ahí llegaste".

Estoy harta, y bastante harta. Todo el tema de la introspección, auto-análisis me tiene cansada. ¿Qué es lo que tengo que hacer verdaderamente?

Empiezo a pensar que en realidad la gente nunca acepta del todo a la otra persona, o que esa tarea es solo para valientes.

En fin, siempre acá, la rara, la "freak". Desde siempre sentí que soy una outsider, pero rara vez sentí ser una hacia la gente cercana.

Capaz es el momento de cansancio. El momento en el cual decís basta, quiero ser como soy. Te invito a que me quieras como soy, y si no te gusta, sos libre de irte.

Claro, todo suena tan fácil por escrito, pero cuando te mojas un poquito con la realidad llega la angustia.

Frustración, no hay otra palabra para definir la situación. Es intentar e intentar mil veces y encontrarte con un cartel de "STOP". Basta. Es el momento de decidir si quiero mostrarme como soy, o empezar con una farsa que a la larga se va a desmoronar sola.

Es que, uno tiene tanto miedo de perder lo que construyó que el cuerpo se te llena de dudas, y soportas y soportas tanto hasta que la verdad sale a la luz, o sea vos.

Y claro, porque al fin y al cabo la verdad siempre triunfa. ¿Eso está mal? Es ese el momento de sinceridad necesario para ver quién se queda y quién se va. Quién vale la pena, y quién no.

Nadie tendría que aparentar ser lo que no es. Así como tratar de no mostrar los defectos con los seres queridos, como para la gente en general.

Todos tenemos defectos, pero ¿cómo bloquearlos todos? No se puede. Tratás de ponerle muchas capas de papel encima para que no emerjan de ese lugar donde los confinaste, pero no se puede. El papel se moja, y lo hediondo empieza a aparecer.

Te quedás quieta, viendo cómo la otra persona recibe la expresión de tu defecto, con la mirada expectante de aceptación, aquella que te fue rechazada miles de veces antes.

Y te empezás a maquinar aún más porque por más que te digan que está todo bien, dentro de tu cabeza comienza una serie de preguntas auto-destructivas que solitas conducen a un "esto dentro de poco se cae".

El miedo. Debe ser una de las peores sensaciones. Literalmente es ¿ser o no ser? Esa es la cuestión.
Te paraliza, te quedás mirando a la nada sorteando todas las situaciones en las que podrían aparecer esas manchas de nacimiento con las que trata uno todos los días, y te da miedo.

Perder no es una opción. Diste todo, te abriste como nunca, al costo de... ¿nada?
Miedo, otra vez, BIENVENIDO.