Ojos vidriosos viajando sin rumbo por un lugar que nunca existió, por un camino sin salida, que era el paraíso para mi.
Muerte anunciada de que el mundo te mostró, pero evitó reconocer que las cosas nunca suceden como lo imaginamos, que algunos somos seres sin suerte, nacidos solo para padecer las injusticias y los desencuentros, para hacernos sentir aquello que añoramos y luego se nos arrebata de las manos, se nos escurre porque el destino es cruel.
La esperanza, maldita virtud creada para los inocentes que no pueden ver la realidad que les rodea, a veces porque esa realidad duele más que cualquier cosa.