Si bien las cosas desde aquella época cambiaron, no podría decir con certeza que "para bien" o "para mal", simplemente las cosas son bien distintas.
Mejoré en varias cuestiones que parecían lejanas, y en otras profundicé cosas que había entendido que no podían ser peores.
En definitiva, la búsqueda de lo que soy, de lo que quiero ser y no quiero sigue en pie desde aquél entonces. La última vez que recuerdo haber tratado realmente eso fue a fines de 2012, la debacle de mi segunda relación de noviazgo que duró casi 3 años. Había sufrido bastante (como siempre), me habían vapuleado, y sentí que las cosas no podían seguir así.
Entonces, empecé un trabajo de mirar a mis adentros, y buscar mis propios intereses, lo que me gustaba.
Fue un camino de un año y medio de introspección y la verdad que fue bastante positivo. Luego, conocí a lo que en la actualidad es mi tercer relación-de-noviazgo-frustrada, y rescato que no perdí nada de lo que había ganado de positivo, pero encontré cuestiones bastante negativas en mí que esa persona me ayudó a empeorar así que nuevamente, en marzo 2018, luego de casi 4 años, empezó el camino de reconstrucción.
Comenzar fue fácil porque ante un cuasi-engaño, y una relación ya quebrada de antemano, no tenía que curar rencores ni nada por el estilo, era libre. Pero la peor parte de todo, fue reconocer mis errores, mis defectos, pero que tuve la posibilidad de corregirlos posteriormente, aunque el final no fue el esperado.
Entre viajes hermosos, lugares espectaculares, me encontré dando todo lo que alguna vez pensé que ni por casualidad iba a sacrificar. Empezar a hablar de lo que me pasaba, las cosas que hacía, tratar de hacer lo que me gustaba, mostrarme cómo soy, fue todo realmente muy complicado.
Aunque haya sido doloroso, y por momentos sentirme una estúpida. Soy de la gente que le da asco el afecto, me da vergüenza todo lo que tiene que ver con expresar sentimientos y esas cursilerías baratas. Me molesta ver parejas, no me gusta que me "denseen" con abrazos, me cuesta muchísimo decir "te quiero", y detesto demostrarlo, creo que te convertís en una persona demasiado vulnerable, y así fue lamentablemente.
Puedo decir que fue una experiencia positiva porque creí que no tenía capacidad para arriesgarme, que aunque quiera mucho a una persona, mi orgullo iba a poder más. Para mi sorpresa, fue todo lo contrario, creo que dí mucho más de lo que podría haber imaginado, y eso hace que todo duela mucho más, y cueste tanto todo.
En este por así llamarlo cursimente "camino", me di cuenta de la gente tan valorable que tengo alrededor, de la gente excelente que me acompaña y que está más que presente en mis malas.
Escribir eso hasta me emociona, personas que por suerte conozco hace años y siempre está, siempre.
Pero después, cuando estoy sola, hay sombras que vuelven. Siempre vuelven cada vez que me cruzo con una desilución enorme, como en el 2017 cuando mi jefe, a quien podríamos calificar como "forro, maldito y manipulador" decidió que no era lo suficiente buena para merecer un ascenso.
Ese día destruyó mi autoestima. Nunca jamás dude de mí. Durante la etapa escolar capaz un poco, en esa época me dolían los comentarios de los demás y les daba demasiada entidad, pero sentía en el interior que yo no era la que fallaba, sino que era el resto que no entendía nada.
Siempre me habían valorado en mis trabajos, me podrían haber gustado más o menos, pero nunca sentí rechazo de un jefe; todo lo contrario, soportaban mis actitudes medio "directas" y "subersivas" pero siempre se me felicitó por mi manera de laburar, por mis ganas de progresar y por mi perseverancia.
Ese día fue una humillación. Lo recuerdo tan bien, dolió tanto. Ver cómo todos los demás pasaban de a uno felices por haber sido ascendidos, menos yo. Nunca dió la cara ese ser despreciable, nunca. Sin haberme enterado de eso, ya tenía opciones para mi reemplazo, que casualmente sabían antes que to de mi terrible situación.
En fin, no está bueno rememorar eso, pero no se entendería a qué me refiero con "sitaciones en las cuales hacen que las sombras vuelvan". Con sombras me refiero a aquellas sensaciones que solía tener cuando era más chica, esas ganas de tirar la toalla porque el corazón no lo soporta más, porque ya no esperás nada de nadie, porque te defraudaron mil veces, y porque sentís que hagas lo que hagas, nada va a mejorar la situación, y que los recuerdos pesan más que cualquier esperanza que pueda existir.
No pasa todos los días, pero cuando sí, una tristeza profunda me inunda el alma. No sé cómo explicarlo, pero es algo así como desear no existir más, bajar los brazos, desear con todas las fuerzas tener un frasquito de un líquido que te haga dormir y en un cerrar de ojos, no estar más, no llorar más, no sufrir más. Es estar perdida, sin dirección alguna, no ver el camino, estar acompañada pero aún así sentirme sola, desahuciada. Esperar la noche cuando todos duermen y llorar, sólo llorar esperando que el sueño me atrape para así, volver a levantarme al día siguiente, y seguir la rutina de todos los días, sabiendo que a la noche vuelven las sombras. Son días de miedo, de falta de control. No sé explicarlo de otra manera.
Esos días cada vez son menos, estoy tratando de enfocarme en las cosas que me hacen bien, en pensar qué otras alternativas hay para ser feliz, para encontrar lo que realmente quiera hacer, pero todo es difícil para mi.
Muchas veces me siento terrible porque objetivamente hablando, estoy mejor que muchas otras personas que me podrían decir "de qué te quejas?". Pero como digo siempre, cada uno tiene su forma de ver las cosas, y siente las cosas desde sus propias vivencias, además de tener otra personalidad.
La gente no sabe lo que uno pasó en su edad temprana, y muchas veces da clases de moralidad y del "buen vivir" sin tener en cuenta eso, tal vez por ignorancia.
Entre el acoso escolar, las desilusiones amorosas, un papá que fue alcohólico durante tu infancia hasta la juventud, episodios de violencia, maltrato laboral y la gente de mierda que, muy a mi pesar, te cruzas casi todos los días, todo eso hace que no pueda mirar el futuro con alegría o entusiasmo.
Igualmente, sigo tratando y creo estar mejorando, pero me aterra de sobremanera todo lo que pueda llegar a pasar de acá en adelante. Por suerte tengo la dicha de rodearme con gente buena, que vale la pena, y que sé está presente para hacerme olvidar de esas sombras.





