Recuerdos de la infancia, o malos-recuerdos.
Más que recuerdos, son sensaciones guardadas en un agujero tapado con hormigón.
Confío en la concepción de que todos somos producto de lo que hicieron con nosotros. Y es así.
Algunos pueden superar las vivencias, otros no.
Son como fantasmas que merodean por ahí, esperando que los resucites, estáticos. Es tierra y agua anegada esperando que alguien remueva, que mezcle, y se empape de barro espeso y oscuro, negro y pesado, vil.
Creo que muchos fuimos más víctimas que victimarios, y que tal vez lo que hacemos en el presente es simplemente tratar de demostrarles a estos últimos que no pudieron lograrlo.
