''El que no quiso cuando pudo, no podrá cuando quiera.''
-Truth
"Nadie nos advirtió que extrañar es el costo que tienen los buenos momentos".
Mario Benedetti.

viernes, noviembre 02, 2018

Rayuela

Y es de esas noches que extrañaba tener. Las noches en las que me la pasaba leyendo durante horas,
buscando temas y reflexionando sobre situaciones de la vida.
Profundidad a flor de piel, sentimientos encontrados, palabras que expresan y expresiones que se escriben.
Nunca me cansaría de leer poesía. La literatura, y especialmente la poesía, tiene la increíble capacidad de relatar con exactitud cada emoción, cada sensación que tenemos en nuestro interior y que leyéndolas, tan bien descriptas, generan una suerte de liberación, de empatía por el texto y de alegría.
Quisiera algún día tener la capacidad de poder expresar todo lo que siento en palabras. Intento dentro de mis escasas habilidades de escritura, pero lo que me genera escribir, es decir, volcar en un par de versos exactamente lo que pienso y siento, se acerca a lo que considero libertad, por la incapacidad que tengo de poder decir las cosas, por la frialdad que me habita, por aquella valla que evita cualquier tipo de expresión de mi sentir.

Hace un rato, escuchando un programa grabado sólo por audio relatado por Felipe Pigna sobre Julio Cortázar, donde relata la vida y obra de éste, pasaban poemas y fragmentos de textos de él. Sonaba tan increíble. El poder de leer aquellos versos con todo el sentimiento te transporta a sentirlo tal cual como se cuenta. Las invenciones más divinas del ser humano. Las creaciones más inocentes, más transparentes y cristalinas que se puedan escribir.

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad, elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde el aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces, mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”.


Capítulo 7 - "Rayuela"