Te preguntabas el por qué de mi mirada
y, ¿es que no lo ves?
¿acaso no es la obviedad más absoluta no-dicha?
Mis ojos garabateando tus comisuras
mi retina fotografiando cada centímetro de tu ser
allí me encontré, inmóvil, rígida
estupefacta ante la utopía que se presentaba
Locura ante la sensación de alegría
mezclada con la desesperación
de lo que no va a volver
de lo que no va a pasar
de lo que terminará al cabo de la medianoche
Luego llega, el miedo se apodera de la atmósfera
las extremidades fallan, ceden
y lo inevitable sucede
la angustia maquillada de bronca
de impotencia, de herida en el orgullo
y se fue, sin más se fue, dejando todo
Las lágrimas brotaron, nadie estuvo allí
el corazón se estrujaba, se achicaba
no quería despertar de ese sueño terrible
prefería el suceso calamitoso con sabor agridulce
antes que no haber visitado su boca negadora.-