Bueno. Qué más decir (o sentir) que felicidad. Se terminó: soy abogada. Tantos años de esfuerzo, tantos dolores de cabeza, tanto cansancio acumulado, tantos fracasos remontados, tanto todo. Hermoso. Desde el discurso inicial donde reflejaba lo que sentí en la carrera, hasta los tragos de fiesta que tomé al final. La mayor satisfacción, y lo mejor es que es mío, pura y exclusivamente mio.